No soy experta
en IA. De hecho, creo que nadie lo es, solo hay personas que saben un poco más
que otros. Pero estoy perfectamente consciente que el hombre ha creado una
herramienta de una potencia que todavía desconocemos. Hemos creado un monstruo
sin acompañarlo de barreras de protección. Ese monstruo va creciendo y no veo
que alguien lo pueda controlar.
Esa herramienta,
por un lado, es fabulosa. Me permite (a mi nivel de desconocimiento) resumir en
segundos un informe a fin de presentar un resumen ejecutivo a quien no se toma
el tiempo de leerlo en su integralidad. Permite preparar presentaciones
geniales, mucho mejor que nuestro viejo Power Point. Veo que, para nosotros
archivistas, la IA va a ser una herramienta excelente para el procesamiento de
los documentos.
Pero, por otra
parte, leo muchas notas discordantes, en especial en lo que concierne su uso, a
lo mejor menos conocido del gran público, en temas muchos mas complejos. Estaba
leyendo un artículo del 18 de septiembre pasado del periódico Le Monde, que me
dejo muy pensativa. Hervé Morin toca el tema del uso de la IA en la investigación
científica. Menciona “un informe
publicado el 10 de septiembre por Anthropic, uno de los gigantes
estadounidenses de la IA, […] en el que se describen, en particular, “cinco
estudios de caso de actores que utilizan agentes de la IA para facilitar el
desarrollo de armas biológicas”.
¿Quién puede
efectuar un control ético sobre la IA, en un mundo donde solo prima la manera más
rápida de hacer dinero? Utilizar la IA en la investigación científica es
fabuloso, y ojalá ayude a controlar el virus del ébola que actualmente hace
estragos en la República Democrática del Congo. Pero ¿quién me asegura que no
se vaya más allá de lo que permite la moral y la Ética?
¿Hasta dónde
podemos confiar en que ese monstruo, fabricado por el hombre, ¿no será la
herramienta de su propia destrucción?
Excelente reflexión; usted aborda en esta publicación una claridad de la dualidad de la inteligencia artificial. Concuerdo totalmente en que, mientras en la gestión documental y la archivística nos abre puertas extraordinarias para optimizar el procesamiento de información e informes, su avance vertiginoso exige con urgencia una gobernanza ética y un marco normativo claro. Como bien señala sobre los riesgos en la investigación científica, el verdadero desafío no reside en la potencia de la herramienta en sí, sino en el criterio, la responsabilidad humana y las barreras éticas que seamos capaces de construir para asegurar que la innovación esté siempre al servicio de la sociedad y no de su riesgo.
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